Inteligencia Emocional: la única fórmula fiable de la prosperidad y el éxito

El sano desarrollo psicoafectivo y social de nuestros niños y adolescentes es un reto cada vez complejo, en el que intervienen una creciente cantidad de factores incontrolables que, en muchos casos, no juegan ni a favor del niño, ni del adolescente, ni tampoco a favor de los agentes encargados de forma directa de su educación: los padres y profesores.

 

Las redes sociales, internet o las series de moda que ven nuestros jóvenes les conectan con un mundo manipulado que exhibe modelos estéticos inalcanzables, pautas de alimentación aparentemente saludables pero que les acercan a los trastornos del comportamiento alimentario, formas de vida lujosas conseguidas de forma fácil y rápida, competitividad malsana que menosprecia la empatía y la humildad. En resumen, muestran una engañosa felicidad basada en lo material, lo sensorial y el reconocimiento social.

 

En este contexto los padres se esfuerzan por dar a sus hijos las mejores oportunidades en todos los sentidos, en muchas ocasiones haciendo un esfuerzo titánico que les lleva a quedar exhaustos al finalizar la adolescencia de ellos. Y es normal que si se les da “todo” se espere y se les pida “todo” a cambio.  Demandamos a los hijos que tengan éxito, y que respondan al esfuerzo realizado cubriendo las expectativas de quien se ha dejado la piel por ellos, y casi todos, pero especialmente los más responsables, quedan prendidos desde muy jóvenes en la sutil tela de araña que es la sensación de insuficiencia para lograr el triunfo social y que les hace esforzarse sin tregua. Y en esta trampa quedan apresadas ambas partes, los padres exigiendo a sus hijos un rendimiento acorde con su esfuerzo, convencidos de que así sus vástagos vivirán mejor, y los hijos esforzándose por estar a la altura de lo que se espera de ellos, en unos casos movidos por el miedo a defraudar a los padres, en otros habiendo internalizado las normas y valores de la sociedad como la mejor forma de vivir, y, en ambos casos, dejando de lado sus deseos y valores, pues lo primordial es alcanzar una posición social y laboral acomodada para después disfrutar de la vida.

 

El engaño consiste en que ese disfrute no suele llegar nunca, pues incluso aunque algunos afortunados consigan lograr las metas, aparecerán después el miedo a perder dicha posición y las responsabilidades familiares que volverán a iniciar un nuevo ciclo: dar “todo” y pedir “todo” para que la siguiente generación sí logre la ansiada felicidad.

 

No es fácil estar al margen de este sistema, sin embargo, no todo el mundo cae en esta trampa. Algunas personas deciden apartarse totalmente de este “mundanal ruido” que nos asedia, pero hay muchas otras que sin rehuir el contexto que nos rodea consiguen una buena adaptación y harmonía, y lo hacen con un nivel de satisfacción vital muy por encima de la media. ¿Cuál es fórmula? y ¿cómo lo hacen? son preguntas no tan difíciles de responder. La forma de lograrlo es invertir en Inteligencia emocional (IE) y, a través de ella, vivir en coherencia con los valores que realmente se conectan con un estado de felicidad duradero.

 

 

Por supuesto que una gestión exitosa del futuro profesional dependerá de una buena formación, pero no sólo de ella. De hecho las investigaciones en el entorno empresarial muestran de forma incuestionable que el máximo nivel de logro laboral no depende de la carrera o profesión elegida sino de las llamadas soft skills, es decir, de la Inteligencia Emocional de la persona y del equilibrio en su vida personal. Hoy el éxito personal y profesional están completamente ensamblados, siendo el primero requisito imprescindible para el conseguir el segundo.

 

Tener más conciencia de uno mismo, del lugar que se desea ocupar en el mundo y el porqué, contar con más autocontrol emocional, desarrollar más autonomía y tomar decisiones de forma consciente, libre y coherentes con nuestra esencia, conectar empáticamente con los demás o mejorar la apertura y comunicación con los otros, son aspectos que forman parte de la fórmula de la felicidad, están al alcance de cualquier persona y forman parte del entrenamiento en IE.

 

Vivir con más Inteligencia Emocional no solo produce un mayor bienestar a corto plazo, también produce una felicidad más duradera y hace más probable obtener y conservar el soñado triunfo. La respuesta a cómo conseguir el éxito y la felicidad existe y no tiene que ver con fórmulas mágicas cortoplacistas, tiene que ver con el esfuerzo sistemático y bien dirigido hacia la comprensión, aceptación y gestión inteligente de nuestra naturaleza humana.

 

Conocer el camino y contar con las herramientas necesarias para transitarlo facilita el viaje de la vida. Si quieres hacer ese camino de forma más grata y productiva no olvides introducir en tu bolso de herramientas la Inteligencia Emocional, es indispensable para una vida plena y próspera.

 

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