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Infidelidad: ¿Saber o no saber? Este es el gran dilema

En mi artículo anterior sobre la infidelidad señalaba el gran reto que supone esta situación para una pareja. Pocas cosas producen en una persona la quiebra emocional que desencadena el conocer que nuestra pareja ha mantenido o mantiene algún tipo de relación afectivo o sexual con otra persona.

Frente a este trance la salida natural del traicionado o traicionada es querer saber qué ha ocurrido, cómo ha ocurrido, dónde ha ocurrido, con quién ha ocurrido, cuántas veces ha ocurrido, desde cuándo ha ocurrido… Estas preguntas martillean la cabeza de la persona traicionada como si fueran un mecanismo de control válido para la situación de caos emocional que se experimenta; y en la mayor parte de las ocasiones se entra en una espiral de interrogatorios que, lejos de producir comprensión de lo ocurrido y cierta tranquilidad, va produciendo una sensación hundimiento, desesperación y desmoralización inmensa.

A pesar de que parece claro el porqué queremos saber todos los detalles de la traición, lo cierto es que, una vez se tiene la información, esta no produce los efectos deseados; sin olvidar la sensación de desconfianza creciente con cada detalle, pues no sabemos si realmente las respuestas del otro son fiables, al fin y al cabo nos ha mentido.

Queremos información, pero una vez la tenemos no es suficiente y finalmente no sabemos para qué la queremos, ni qué vamos a hacer con ella. La información sobre la infidelidad nunca aporta claridad o tranquilidad, solo nos alerta más y abre nuevos interrogantes, progresivamente más amenazantes. No es infrecuente que a través de la información recibida, y de cómo la aderezamos con nuestras propias creencias y experiencias, acabemos creando una historia sustancialmente más grave, dolorosa y decepcionante de lo que realmente pueda haber sido.

No hay reglas sobre si debe dar información o no, pero es importante saber que la información puede ser veneno, y quizá acabemos sin pareja y atormentados para el resto de nuestra vida. Es primordial ser cautelosos y reflexivos, y no precipitarnos a la hora de pedir unos datos que quizá no podamos digerir. Puede parecer exagerado, pero así es. La obsesión con una infidelidad no acaba con la ruptura de pareja, lo cierto es que la sombra de la traición y la desconfianza persistirá amenazando a cualquier persona que se acerque afectivamente. 

Entender que la superación de una infidelidad no tiene que ver con la información sobre los hechos ocurridos, y que solo dentro de nosotros  (no en el otro) está la llave para superarlo es esencial para enfrentar un proceso que, si bien en un principio resulta devastador, también puede ser el comienzo de un extraordinario camino de crecimiento personal y como pareja.

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