El perfeccionismo: ese gran enemigo del cambio

Que llegue el nuevo año y confeccionemos con una lista de propósitos que cumplir es ya algo obligado, hasta tal punto que muchas personas que a estas alturas aún no lo han hecho consideran que es una tarea pendiente para la que tienen que encontrar tiempo cuanto antes. “Este año tengo que conseguirlo” es una de las frases más frecuentes en la consulta cuando se retoman las sesiones después de Navidad.

En la mayor parte de lo casos ,la lista de propósitos no es muy diferente a las de años anteriores y, como consecuencia de ello, se produce un fenómeno también muy frecuente y conocido, que consiste en que la intensidad de la frustración ante ese programa de buenas intenciones suele ser directamente proporcional a la cantidad de años que se lleva pretendiendo.

Cuando se analizan los porqués de que no se hayan conseguido las metas propuestas año tras año, las causas son muy diversas, pero desde luego una de las más frecuentes es el perfeccionismo con el que se plantean esas ansiadas metas.

Se dice que el perfeccionismo es un mal maestro pero un excelente esclavo, pues, por un lado, no deja espacio al aprendizaje al no tolerar los errores y el tiempo que cualquier logro necesita, y, por otro, nos encadena a sus requisitos haciéndonos ver que solo podemos iniciar el cambio si estamos listos para conseguir hacer las cosas perfectas y a la primera, al fin y al cabo todos hemos oído que “las cosas se hacen bien o no se hacen. De esta forma esperamos el día correcto, las condiciones perfectas, la motivación adecuada, la cantidad de tiempo necesaria, haber solucionado el resto de los problemas, etc.

La cantidad de exigencias que impone el perfeccionismo hacen imposible la puesta en marcha de un proyecto y, por tanto, su consecución, pues nunca se dan las condiciones para iniciarlo y, si se dan, se renuncia enseguida ante la primera dificultad, y así volvemos a comenzar el ciclo, esperando nuevamente la alineación de los astros para ponernos en marcha. De esta forma, se suele pasar el tiempo hasta que llega nuevamente esa fecha tan especial como es el comienzo de un nuevo año.

Conseguir avanzar en la vida requiere saber y aceptar que el camino del cambio y del aprendizaje es largo y que el cambio gradual tiene mas sentido que el  radical, pues nos permite identificar que circunstancias facilitan lo que queremos lograr y cuales, sin embargo, son un obstáculo. Y aunque estas indicaciones son lógicas para cualquier persona, incluidas las perfeccionistas, lo cierto es que estas últimas no suelen darse por aludidas ante estas consideraciones, pues creen que lo que se proponen ya es un mínimo y que deberían conseguir sus propósito con facilidad pues “no son para tanto”. Sin embargo, este enfoque no es correcto, si lo fuera deberían haberlo logrado ampliamente y desde hace tiempo.

Reconocer que cualquier cambio que vayamos iniciar es un reto difícil, pues habrá que desarrollar nuevos caminos neuronales hasta ese momento inexistentes, permitirá ser prudentes en los pasos intermedios que se establezcan para lograr el éxito, y, sin darnos cuenta, poco a poco, iremos transitando ese camino que nos llevará al cambio, valorando cada pequeño paso y reconociendo el mérito de haber hecho algo en la dirección que resulta valiosa.

Si desdeñamos lo poco nunca conseguiremos mucho, si no reconocemos el valor de lo pequeño lo grande nos parecerá mínimo. Ponte metas muy pequeñas, aunque te parezcan irrelevantes, cúmplelas y valóralas, verás el impresionante cambio al final de este año.

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